domingo, 30 de mayo de 2010

Dim Sum de cerdo y gambas

La noche del sábado organizamos en casa de mi amigos Irene y Fran una cena temática centrada en la comida asiática, concretamente en China. Yo aporté una buena ración de dim sum (esos saquitos rellenos, hechos al vapor). Los preparé en mi vaporera de bambú, pero los podéis hacer en cualquier otro utensilio de cocina que os permita cocinar al vapor. Os paso a continuación la receta.



Para 50 dim sum (8/10 personas):

1 paquete de wontons (yo los suelo comprar congelados y vienen 50 láminas de pasta en cada paquete).
500 grms. de carne de cerdo picada
150 grms. de gambas (peladas)
1 clara de huevo
1 cucharadita de pimienta molida
2 cucharaditas de sal
2 cucharaditas de aceite de sésamo
1 trozo pequeño de jengibre fresco pelado
1 diente de ajo
2 cucharadas de harina de trigo
1 cebolleta


Preparar el relleno en una picadora o robot de cocina. Lo podéis hacer a cuchillo, pero así es más cómodo.
Tenéis que mezclar todos los ingredientes, excepto las láminas de wontons, claro, y la cebolleta, que va picada al final y mezclada con cuchara.

Poned una cantidad del relleno en el centro de cada lámina, humedeced los bordes con agua (os mojáis el dedo) y cerrad juntando los 4 picos de la lámina y retorciendo un poco. El agua hará las veces de pegamento y dejará cerrado el paquetito.

Poned una lámina de papel de horno agujereado (lo podéis hacer con un palillo) en el fondo de la vaporera. Colocad los dim sum sin que se toquen unos con otros, porque entonces se pegarán.

Poned agua al fuego en un wok. Cuando esté hirviendo, colocad la vaporera encima. Calculad bien el nivel de agua para que no toque la vaporera.

Estarán listos en 8 o 10 minutos.

Se toman calientes, mojándolos en salsa de soja.

jueves, 27 de mayo de 2010

Curiosidad científica nº 2

El primer horno microondas

El descubrimiento del horno microondas es una anécdota muy simpática, puesto que se trata de uno de esos hallazgos prácticos casuales con los que de vez en cuando nos sorprende este curioso mundo.


Hacia 1946 Percy Spencer era un ingeniero de la empresa Raytheon, dedicada a la investigación científica y colaboradora habitual del gobierno de los USA. Spencer estaba realizando investigaciones con un magnetrón (un generador de altas frecuencias para usarlo como radar); tras pasar un tiempo al lado de este invento, Spencer se sacó una tableta de chocolate del bolso de su bata y comprobó que estaba fundida.

Tras darle vueltas en la cabeza a este hecho, buscó unos cuantos granos de maiz y los puso al lado del magnetrón: al poco tiempo tenía palomitas de maiz. Al día siguiente llamó a un colega y puso un huevo al lado del magnetrón: el huevo empezó a vibrar y estalló salpicándoles la cara de yema caliente. Spencer comprendío enseguida que las microondas de baja intensidad porducían una serie de reacciones que daban como resultado una subida de temperatura, y se le ocurrió la idea de hacer un horno empleando este sistema.

Los ingenieros de Raytheon estudiaron y perfeccionaron los primeros bocetos de Spencer, se patentó en 1946 y al año siguiente vio la luz el primer microondas: pesaba 80 kg, medía 1,60 y costaba la friolera de 5000 dólares; además necesitaban de una instalación de agua para refrigerarlos. Al principio solo fue usado en restaurantes, industrias y lugares especiales dónde fuese dificil mantener la comida caliente, pero en los años 70, con la llegada de la miniaturización y tras numerosas mejoras, el microondas era ya un horno doméstico presente en numerosos hogares de todo el mundo.

fuente: www.gallawa.com

miércoles, 26 de mayo de 2010

Sferificaciones y macarrones

Estoy terminando de leerme Sferificaciones y macarrones, el último libro de Claudi Mans (catedrático emérito del Departamento de Ingeniería Química de la Universidad de Barcelona).
Está en la línea de esos nuevos libros que aparecen ahora y que aunan ciencia y cocina. Narrado de una manera muy amena, en forma de diálogo con un lector imaginario (lectora, en verdad), el libro trata en sus diferentes capítulos temas como las texturas, los aditivos en la cocina, maquinaria, "sferificaciones" y reacciones de Maillard, etc.

Muy recomendable para abrir nuestras mentes a una serie de ideas y conceptos que han estado ultimamente enfrentados entre diferentes chefs de nuestro país.

Otros libros de Claudi Mans: Tortilla quemada, Los secretos de las etiquetas y La vaca esférica.

martes, 18 de mayo de 2010

Como construir vuestra propia pipa para ahumar

¿Alguna vez habéis visto las pipas para ahumar que venden para cocineros? El funcionamiento es sencillo: se pone una pequeña cantidad de serrín aromatizado en la cápsula superior y se le acerca una llama mientras se acciona el mecanismo de aspiración. Esto hace que el humo salga por la tobera lateral.

¿Alguna vez habéis visto esos mini-aspiradores para teclados de ordenadores? ¿No os parecen practicamente idénticos a las pipas de humo?

En este artículo os voy a explicar como convertir un mini-aspirador en una práctica y funcional pipa de ahumar con un coste realmente asequible. La foto de la derecha es mi pipa de humo.

Además de la aspiradora, que podéis encontrar en las tiendas de "20 duros", os hará falta un colador pequeño, de los de rejilla metálica, para hacer los filtros (pequeños círculos de malla metálica) y una pieza que haga las veces de cazoleta para el serrín. Yo usé la pieza que une el flexo de la ducha con lo que es el mango.


En las dos fotos superiores podéis ver como encajan las diferentes partes. Luego, con los accesorios que trae la aspiradora, completáis el tubo de admisión de humo y el de expulsión. Sencillísimo.

¡Ale! ¡A ahumar se ha dicho!

jueves, 13 de mayo de 2010

Curiosidad científica nº1

Los escualos no poseen riñones y su orina va a parar a los músculos, que adquieren un característico olor a "amoniaco". Debido a esto, en muchas zonas en las que se consume, se prepara con mezclas de vinagre y especias o se sumerge en leche para reducir ese olor.

¿Os suena el cazón?

miércoles, 12 de mayo de 2010

Ensalada de chocos y algas

Ingredientes

2 chocos de unos 400 grmos. cada uno.
1 lata de espaguetis de mar.
Aceite de oliva virgen extra.
Sal y pimienta.
1 limón (para zumo y ralladura).


Se congelan los chocos limpios durante 24 horas y se descongelan la víspera.

Se cuecen como se cuece el pulpo: lo sumergimos en agua hirviendo, asustándolo un par de veces antes (meter y sacar de la olla -esta frase me ha quedado de lo más "doblesentido"-).

Se cuecen los chocos durante 45 minutos, comprobando su ternura con un palillo de madera.

Se sacan, se trocean y se dejan enfriar.

Mezclar los trozos de choco con la lata de espaguetis de mar (las suelo comprar en la "Gran Superficie de Cádiz" -no diré nombres-, de la marca Porto Muiños).

Se aliña con el aceite, la sal, la pimienta, el zumo de limón y se adorna con ralladura del mismo limón.

Disculpad que no tenga foto, pero cuando me quise dar cuenta, ya no quedaba ensalada...

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